El buen humor es el “remedio infalible” para todas las dolencias del alma y las físicas, y que además le sirve como herramienta a Faustina para obtener donaciones con las cuales ayuda, de forma desinteresada, a cualquier persona que lo necesite sin importar dónde se encuentre y sin discriminar por su raza, condición o credo. El trabajo social comunitario de Faustina empieza, cuando la madre de ella invitaba a los indigentes o habitantes de calle a que almorzaran en su misma mesa, pues ella siempre hacía comida demás para los hijos de Dios que sufren por diferentes situaciones.
Allí empezó el deseo de Faustina por saber lo que ocurre con estas personas y qué se siente pasar la noche afuera sufriendo por falta de comida, de ropa, estar expuestos a la lluvia, el frío y otras vicisitudes, por lo que decidió ayudarlas de manera alegre y desprendida; y para ello recurre a varios disfraces para lograr las donaciones o hacer pasar un momento de alegría a los más necesitados de su departamento. Su labor la desarrolla también para el Cotolengo de los niños y niñas de la hermana Sor Inés en la vereda San Bernardino, a donde lleva ropa nueva o usada, alimentos, utensilios… en fin, todo lo que pueda recolectar, además de la ayuda que pide para los más necesitados desde su puesto de venta de arepas y envueltos.